De pociones mágicas, juegos de rol y sacrificios humanos.

Ya no voy a empezar los artículos disculpándome por la demora, me di cuenta de que hay veces en las que tengo tiempo para escribir y veces en las que se me va de las manos el presupuesto de tiempo para distribuir en todo lo que tengo que hacer. Aún así… mi Dios, qué rápido pasa el tiempo desde octubre, realmente me da pena no haber podido subir más cosas. Lo único que quiero aclarar en este párrafo, habiendo cumplido dos años el blog hace unas pocas horas, es que PARANORMAL A GO GO IS NOT DEAD. No tengo intenciones de eliminar o abandonar el blog y en caso de hacerlo voy a avisarles antes, así que no se asusten por los largos periodos sin actualizar. Lo más importante para mí en cuanto a Paranormal son ustedes, los lectores, que comparten los mismos intereses que yo y sin los cuales no valdría la pena seguir escribiendo en una página pública. Sniff. Dicho esto, vamos a lo que nos compete y hablemos de sangre, tripas y todas esas cosas.

A los que entendieron el título y se dieron cuenta de lo que estaba hablando sin haber llegado a este punto, los felicito y además les recomiendo que salgan de sus casas y consigan una vida (pero que esta no sea lo suficientemente buena como para dejar de leer este blog). A los que no entendieron la referencia, me refería respectivamente a Astérix, Dungeons & Dragons y… bueno, la realidad histórica. ¿O creen que los druidas simplemente se vestían con túnicas blancas y vivían cortando muérdago todo el día?

Los que leyeron los comics de Astérix o vieron sus películas (tanto animadas como no), ya tienen una referencia de la época que aunque no es 100%  exacta resulta muy útil para analizar este tema. Los romanos, que conquistaron las Galias en el primer siglo de nuestra era, trataron de anular la influencia ejercida por los druidas, jefes carismáticos de la población local. Ahora, ¿fue una decisión política o más bien una medida para proteger sus traseros del culto galo y de unos jefes religiosos bastante menos inofensivos de lo que se cree?

La sociedad gala estaba dominada por los druidas y los guerreros, dos grupos cuya función los coloca en el centro de prácticas condenadas por los conquistadores romanos, que no eran ningunos santos, pero aparentemente creían ser más sanos que estos otros degenerados. Sin embargo, sería simplista ver en los guerreros solo a un grupo de brutos que siembran la muerte a su alrededor y en los druidas a unos viejitos barbudos encargados de cortar muérdago con sus hoces de oro.

De hecho, una de las misiones de los druidas consistía en enseñar a los guerreros como matar y como usar su fuerza en el combate. Estas enseñanzas estaban basadas en una iniciación a la muerte, ya que se debía matar sin fallar, pero también morir sin demostrar debilidad. La religión de los druidas enseñaba que los hombres tenían un alma inmortal y que esta pasaba después de la muerte al cuerpo de otro hombre, y por esto es que no se debía temer a la etapa que marca el fin de la vida, ni dudar en buscarla en combate a fin de suscitar la admiración del adversario y de satisfacer a los dioses con su sacrificio personal. Para alcanzar la perfección en esta cultura de la violencia, los jóvenes guerreros eran clasificados por grupos según su edad y separados del mundo de los adultos. En este ámbito aprendían las técnicas de la caza del ciervo y el jabalí, así como a pelear a mano limpia y a mantenerse en el mejor estado físico mediante ejercicios corporales. Y todo esto bajo la tutela de los druidas… y pensar que parecían viejitos tan adorables.

Sin embargo, se supone que había algo más. César en “La guerra de las Galias”, enfatiza la barbarie de esta sociedad y pone como ejemplo la existencia de numerosos sacrificios humanos. Mediante ciertos medios, nuestra producción ha recopilado los dichos del César en este libro (el IV, 13 y 16 para ser exactos) y los reproducimos en el siguiente video:

Los druidas están encargados de los asuntos religiosos, presiden los sacrificios públicos y privados y reglamentan las prácticas religiosas, multitudes de jóvenes se acercan a ellos para instruirse y honrarlos (…). Todos los druidas obedecen a un solo jefe que goza de gran autoridad entre ellos (…). Cada año, en una fecha fija, se reúnen en un lugar consagrado, en la región de Carnutes, considerada como el centro de las Galias (voy a poner un fast-forward importante en esta parte porque no están rindiendo los puntitos suspensivos cada diez palabras, a este hombre sí que le gustaba hablar mucho… ahora viene lo bueno). El pueblo galo es muy religioso y se ve que las personas que sufren enfermedades graves, los que arriesgan su vida en el combate o de algún otro modo, inmolan o hacen votos de inmolar víctimas humanas, utilizando para estos sacrificios el ministerio de los druidas. En efecto, creen que se puede apaciguar a los dioses inmortales comprando la vida de un hombre con la vida de otro hombre y sacrificios de este tipo son una institución pública. Ciertos poblados tienen maniquíes de proporciones colosales, hechos de mimbre tejido, a los que llenan con hombres vivos y luego se les prende fuego y los hombres son presa de las llamas. El suplicio de aquellos que han sido sorprendidos en delito flagrante por robo o bandolerismo o después de haber cometido algún crimen es juzgado más placentero para los dioses. Pero, cuando no existen suficientes víctimas de este tipo, no temen sacrificar inocentes”.

Gracias, Julio. Volvemos a estudio.

Recopilando más información, sabemos que muchos acontecimientos dan lugar a estos sacrificios, los que se realizan de diferentes formas según el dios en honor del cual se realizan. Los sacrificios destinados a honrar a los dioses tienen cada uno un ritual que le es propio. Así, cuando una víctima es inmolada en honor de Tutatis, dios de la guerra y de los Pueblos, se la ahoga en un tonel lleno de agua… un minuto, tengo que estar trascribiendo mal. ¿Al dios de la guerra, un tonel de agua? ¿Ni siquiera una corriente natural, como ser un río? En fin, a otro dios de la guerra, Esus, quien era más sanguinario (probablemente merezca una piscina de agua con una pizca de sal o algo así), es honrado mediante el ahorcamiento de sus víctimas. Nótese que aclaré que era más sanguinario. Muchachos, sigo esperando la sangre, no me decepcionen. Para honrar a Taranis, dios del cielo y del trueno, se encierra a los sacrificados en un inmenso muñeco de mimbre o heno que es colocado sobre una hoguera, tal y como nos contaba hace un rato César, a la que el druida prende fuego. Los inmolados son voluntarios, criminales o prisioneros de guerra o, en caso de no tener de donde elegir, simplemente se inmolaba a cualquiera.  Hasta ahora mi recuento me lleva a la conclusión de que esta gente tenía una falta de criterio tremenda.

La partida a la guerra es otra ocasión para celebrar tales ritos. Es en este momento que interviene un personaje clave de la sociedad gala: la sacerdotisa, encargada de sacrificar a una víctima (originalmente un prisionero… o lo que haya a mano) antes del combate, a fin de averiguar su desenlace. La oficiante hace subir a su víctima por una escalera hasta el borde de un inmenso caldero y la apuñala, haciendo brotar la sangre. No quiero ponerme feminista ni nada por el estilo, ¿pero hacía falta llamar a una mujer para hacer el trabajo sucio? Me siento un poco decepcionada con toda la fama que se hacían los guerreros y sus maestros en el arte de matar. Bueno, el tema de la predicción es que, al coagularse la sangre, esta deja marcas en el interior del recipiente que la adivina se encarga de interpretar. El color, la consistencia y la dirección de las huellas sangrientas se transforman en señales proféticas. Cuando estos signos son difíciles de interpretar, la sacerdotisa renueva la operación con otra víctima y así continúa mientras lo considere necesario para estar seguros del resultado y ya de paso darle un poco de reputación al grupo. Finalmente se desangra a las víctimas, la sangre que se acumula en el fondo del caldero permanece en estado líquido y cuando se ha juntado una cantidad suficiente, la mujer toma un cucharón y salpica con él a los guerreros presentes, los que animados por la ceremonia se van listos para morir en combate. Qué cosas más lindas.

Y para redondear esto, paso a confirmarles que todo era de verdad y no solo eran rumores dichos en la televisión por César, que claramente tenía asuntos personales con los galos. Gracias a los descubrimientos realizados en los años sesenta en Gournay-sur-Aronde, en Oise, se ha podido reconstruir el calendario de sacrificios de una población belga, los belovacos, donde estas ceremonias están relacionadas con el cambio de estaciones y las grandes fiestas.

Los emperadores romanos proclamaron la supresión de los druidas y la prohibición de los sacrificios humanos. Sin embargo, esta práctica no desaparece totalmente de este ámbito social hasta el siglo IV de nuestra era… o eso se supone. Convengamos que pocos emperadores romanos hicieron bien su trabajo, pero otro día hablamos de eso, tengo muchos videos de César quejándose para mostrarles.

Anuncios
Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , , | 4 comentarios

El destructor invisible de la Marina norteamericana.

Hola y bienvenidos, mis queridos lectores. Luego de una especie de licencia por falta de voluntad provocada por enfermedad (que teóricamente sigue porque estoy moqueando, en pijama y tomando como cinco medicamentos por día), vuelvo con un nuevo tema para tirar sobre la mesa… y espero hacer mis actualizaciones menos esporádicas y más constantes a partir de esta. Ahora voy a poner todo mi esfuerzo para hacer un artículo decente sin fumar… deséenme suerte, espero no perder mi “““chispa””” gracias a esto (maldito resfriado).

El tema que tenemos hoy es el Experimento Philadelphia. Probablemente algunos de ustedes nunca hayan escuchado hablar de él, así que les hago una pequeña introducción al tema. La Segunda Guerra Mundial (uno de mis temas de estudio favoritos en la historia) fue la principal razón de una enorme proliferación en ambos campos enemigos de experimentos destinados a generar y perfeccionar nuevas “armas definitivas”. La más extraña, quizás, de ellas fue probada en el arsenal de Philadelphia (USA) en 1943. Los primeros rumores que se referían a este experimento fueron difundidos durante los años 50, y obviamente la marina de los Estados Unidos los desmintió enseguida, pero las numerosas investigaciones que se realizaron luego indicaban que algo extraño había ocurrido en 1943 en las costas de este país, como casi todas las cosas que los Estados Unidos tratan de mantener en secreto… analicemos el caso.

Pero antes, cosa que me divierte en sobremanera, quiero transcribir la excusa explicación oficial de la marina norteamericana sobre este tema contenida en una carta circular dirigida a unos particulares: “En el curso de años anteriores, hemos recibido innumerables peticiones de información relacionadas con el pretendido «Experimento Philadelphia», así como el supuesto papel que habría tenido en él la oficina de investigación naval (…) En lo que se refiere al  Experimento Philadelphia, la oficina de investigación naval nunca ha efectuado investigaciones sobre la invisibilidad, ni en 1943 ni en ningún otro momento. A la luz de los conocimientos actuales, nuestros científicos estiman que tal experimento es totalmente imposible y que cae en el terreno de la ciencia ficción (pero por qué no se callan la boca, digo yo). Un descubrimiento de esa importancia, si realmente hubiera ocurrido, sin duda no habría podido permanecer en secreto durante tantos años (a menos que quisieran guardarlo para sus propósitos, cosa que no sorprendería a nadie, digo yo)”. Teniendo en cuenta la cantidad de veces que usaron la palabra “supuesto” y sinónimos, sumado a que esta oficina fue creada recién en 1946, podemos afirmar que la nota es extremadamente dudosa y que los de la oficina de investigación naval en el campo de las coartadas son unos giles de goma.

Ahora volvamos a los hechos. En 1955 el Dr. Morris K. Jessup, un astrofísico, automovilista, fotógrafo y vendedor en tiendas (si eso no es ser interesante, no sé lo que es), publicó un libro sobre los OVNIs (The Case for the UFO). El mismo año, a mediados del mes de octubre, fue contactado por un tal Carlos Miguel Allende, quien en verdad es Carl Allen (uh, chusmeríos). Allen le envía a Jessup tres cartas donde, en un estilo desconcertante, pretende haber sido testigo de un extraño experimento realizado por la marina norteamericana. Dicho experimento (basado en los trabajos del gran físico Albert Einstein) se habría llevado a cabo en octubre de 1943, en altamar, a la altura de Philadelphia. Según redactaba, el objetivo era producir un barco de escolta invisible y hacerle recorrer casi en un instante el trayecto entre Philadelphia y la base naval de Norfolk. El autor de estas tres cartas relaciona el caso con los OVNIs, razón por la que las dirige a Jessup, ya que dice que se ha utilizado un tipo de propulsión similar al de las naves espaciales extraterrestres. Allen revela también las consecuencias de este ensayo para la marina norteamericana: la tripulación enviada en el barco escolta habría sufrido efectos secundarios terribles. Algunos hombres habrían muerto, otros, enloquecido… pero los que restaban se habrían volatilizado, algunos de ellos de manera realmente espantosa, con una combustión lenta del cuerpo que se habría producido, en varios casos, mucho tiempo después del fin del experimento. Ya de paso hago un paréntesis para prometerles un artículo sobre la combustión espontánea. Puede ser el próximo o no, pero estoy segura que lo voy a hacer y voy a disfrutar mucho escribiéndolo, es uno de mis temas favoritos.

El Dr. Jessup realiza su investigación y llega a la conclusión de que le están tomando el pelo. No, mentira. Piensa que, efectivamente, en 1943 se realizó un experimento militar cuyo objetivo era ensayar el efecto de un poderoso campo magnético sobre un barco (el Eldridge) y su tripulación, y que tuvo lugar en la dársena del puerto militar en Philadelphia. Desde los comienzos del experimento, el buque escolta habría estado envuelto en un capullo verde y habría empezado a desaparecer hasta el nivel de su línea de flotación. El mismo fenómeno se habría repetido más tarde, esta vez en mar abierto y de forma más completa (porque el buque escolta solo había desaparecido durante unos minutos la primera vez). Ese fue el espectáculo que habría visto Carl Allen cuando se encontraba sobre la cubierta de un carguero, el Andrew Furuseth (parte del convoy entre los que estaba el Eldridge), aparentemente sin nada mejor para hacer que ponerse a mironear por ahí. Se registra también en la investigación de Jessup que corrieron rumores de que el escolta se habría aparecido fugazmente, cual fantasma, en la rada de Norfolk, a 400 kilómetros al surde ese lugar (o sea, lejos, muy).

Entre tanto, la marina norteamericana convoca a Jessup para mostrarle un ejemplar de su libro enviado anónimamente y que contenía una profusión de notas escritas a mano. En diferentes partes se encontraban referencias al experimento de 1943 y la escritura era de… ¿adivinan? Carl Allen. Qué ganas de joder… si se hubiera comprado una revista de crucigramas para matar el tiempo todo esto no habría pasado. Esos detalles interesan sobremanera a la marina, la que hace reproducir 127 ejemplares de esta edición con anotaciones para distribuirlos a distintos servicios para que sean estudiados en profundidad. ¿Ustedes también tienen la sensación de que alguien va a salir muy mal parado de toda esta situación?

Bueno, al no lograr descubrir al misterioso Allen, la marina le propone a Jessup que colabore con ellos, pero él se rehúsa. Se termina suicidando en abril de 1959, supuestamente motivado por graves problemas personales, aunque algunos pensadores audaces creen que en realidad no se suicidó, sino que lo suicidaron.

En fin, qué importa, el hecho es que Jessup está muerto. Luego de este hecho la investigación llega a un punto muerto (porque a nadie más parecía importarle tanto como a él). El asunto solo vuelve a tener actualidad a fines de los años 70, bajo el impulso de nuestro amigo Charles Berlitz (tal vez lo recuerden de artículos anteriores, como el que haba del Triángulo de las Bermudas) y de William L. Moore, quienes se interesaban desde hacía ya tiempo en los OVNIs. En el libro que escribieron en conjunto, titulado Operación Philadelphia, hacen una recapitulación de los elementos ya expuestos arriba, después de haber conocido por casualidad al enigmático Carl Allen (lo sé, qué pequeño es el mundo), a quien la marina norteamericana no había logrado encontrar veinte años atrás… supongo porque no se esmeraron mucho, si estos dos lo encontraron sin buscarlo. Les resumo los puntos que tenemos hasta ahora: primero, Allen era ciertamente un marino a bordo del Andrew Furuseth, y este barco se encontraba efectivamente frente a las costas de Philadelphia en la fecha señalada, lo mismo que el Eldridge, el barco escolta protagonista de esta historia. Segundo, incluso después de treinta años, existen todavía algunas personas, muchas de las cuales piden permanecer anónimas (qué gente aburrida), que afirman que en realidad se realizaron en el puerto militar de Philadelphia ciertos experimentos extraños y que se relacionaban con los campos magnéticos. Tercero, parecería que Einstein (¿me da la impresión o estamos hablando mucho de este sujeto últimamente?) trabajó en  forma ocasional para la marina en 1943. Sin embargo, la versión fantástica que se refiere a un experimento sobre invisibilidad y desplazamiento instantáneo no es la única explicación dada por los testigos. Testimonios recogidos por Berlñitz y Moore hablan también de un sistema revolucionario para combatir las terribles minas magnéticas alemanas y, más que nada, algunas declaraciones se refieren a un intento de invisibilidad… algo relacionado con el radar.

Pero, en todos los casos existe una constante que habla de una catástrofe humana que puso fin al experimento. De hecho, se ha determinado con posterioridad que los campos magnéticos poderosos son nefastos para la salud y el equilibrio mental. He aquí algo que podría explicar al menos la locura, e incluso la muerte de algunos de los marinos, así como la negativa de la marina de USA por hablar del “Experimento Philadelphia”… aún así, hoy en día permaneces algunas zonas oscuras en este asunto en las que nadie se ha atrevido a echar algo de luz.

Alguna vez hablaremos de experimentos misteriosos similares a éste, como el rayo de la muerte de Tesla o el “platillo volador” de los nazis, pero hoy sinceramente no tengo ganas.

¿Saben algo interesante? Al Experimento Philadelphia también se lo llamó “Proyecto Arcoíris”, pero se ve que les parecía demasiado infantil y hasta un poco gay para ser una investigación del ejército, y no querían perder su credibilidad frente a los otros ejércitos, así que popularizaron más el otro nombre. Fun fact del día, solo escribí el artículo para poder decir esto último. Ahora me voy a comer unas tostadas con queso Philadelphia, tanto escribir la palabra en tan poco rato me dio antojo.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , | 11 comentarios

La fabulosa ciudad de oro.

Luego de un período importante de no actualizar por problemas personales, entre los más importantes está un cambio de locación por parte de quien suscribe (sí, queridos, me mudé), paso a pedirles mil disculpas. Ahora dejémonos de sentimentalismos: hoy les traigo un tema que a muchos nos interesa y del cual Dreamworks® tiene una película realmente genial (que personalmente me gusta mucho) y que paso a recomendarles consigan y miren/vuelvan a mirar luego de leer esto.

Eldorado.

Luego del descubrimiento de América, que como recordaremos fue por 1492 y… oficialmente por Cristóbal Colón, lo cual hoy en día no es seguro ya que parece que América cuando llegó Colón ya había sido más pisada que la cebra de Abbey Road, pero eso no viene al caso hoy. Ya hablaremos en otra ocasión de eso.

Estábamos en el descubrimiento de América. Luego de que Colón volviera y todos se dieran cuenta que nadie se iba a caer para ninguna parte si se le rompía el freno yendo para la izquierda, muchas personas, aventureros y soldados Españoles  llamadas entonces conquistadores se lanzaron a la conquista del nuevo continente, miembro en mano para orinar literal y figuradamente cuanta tierra virgen encontraran, atraídos por la fama de inmensa riqueza de estos lugares, y apoyados en el mito de la ciudad de Eldorado.

Este fabuloso país, cuyo subsuelo se dice estaría repleto de oro, ejerce una fascinación extraordinaria sobre estos hombres ansiosos de poder y riqueza. Además, la magnitud de los botines (hablando de patrimonios, no de zapatos grandes) obtenidos por Cortés en México y por Pizarro en Perú, parecían confirmar la idea  de la existencia de este reino.

Antes de hablarles de la ciudad en sí misma, creo que sería bueno hablar un poquito sobre el oro, metal indispensable en los registros de la humanidad. Empecemos por aclarar que, aunque siempre jugó un rol particular en la historia de las naciones, su importancia ha variado según las épocas. Es así como después de la caída del Impero Romano este metal perdió gran parte de su valor, porque la disminución de los intercambios hizo menos necesario el uso del efectivo. ¿Pero qué pasó…? el retorno al comercio, a fines del medioevo, junto con el agotamiento de las minas de oro en explotación conocidas, hacen que vuelva con toda su fuerza la sed de oro. El descubrimiento de América en 1492 llega en pleno apogeo de esta sed, y genera expectativas con respecto a la aparición de nuevos lugares de abastecimiento para Europa. España, muy especialmente empobrecida tras la lucha contra la ocupación musulmana (La Reconquista), alimenta ambiciosas aspiraciones políticas y vislumbra en la conquista de nuevos territorios una oportunidad de salvación. Es por esto que la reina Isabel de Castilla, y luego Carlos V, se dedican a promover las expediciones de los conquistadores en busca de Eldorado.

¿Cómo empezó el mito de Eldorado? Gracias a la leyenda del “hombre dorado”. El cronista e historiador Gonzalo Fernández de Oviedo sitúa la primera aparición oficial de esta leyenda en 1534. Sin embargo hacía varios años ya que los españoles escuchaban insistentes rumores sobre este reino, situado en alguna parte al interior de las tierras. Los indios chibchas, nativos de Cundinamarca, el “país del cóndor” (la actual Colombia), celebraban cada año una extraña ceremonia… durante esta un cacique, es decir el soberano local, se untaba de grasa de tortuga (ew…) y de polvo de oro y luego caminaba, resplandeciente, en medio de sus súbditos, que cantaban su alegría y batían tambores. El cacique y los nobles subirían entonces a una piragua y en medio del lago Guatavita lanzarían oro y esmeraldas como ofrenda a los Dioses. Finalmente, el cacique se sumergiría en el lago y reaparecería en medio de un estallido de aplausos.

Creo que luego de leer esto no debo ser la única que piensa que meterse merca de la buena a veces hace que la gente cometa estupideces imperdonables. Continuemos.

Entonces es así como nace la leyenda del “hombre dorado”, llamada luego simplemente El Dorado, supuesto rey de un país mágico.  Pero a lo largo del los años, el mito sigue modificándose y Eldorado (en una sola palabra), se convierte en un reino mismo de oro, cuyas calles están pavimentadas con pepitas y donde casas y objetos están recubiertos con el metal precioso. Yo de paso me imagino en base a esto que los habitantes estarían extremadamente bronceados, y además con un color bien parejo, porque el sol les pegaría bien de todos lados.

El primero en lanzarse a la búsqueda de Eldorado es un hombre particularmente cruel: Ambroise Alfinger. Alemán, él. Financió sus expediciones entre 1529 y 1538 vendiendo indios marcados con fuego como esclavos en Santo Domingo. Un hijo de puta, vamos. Al salir de Coro, capital de Venezuela, sube por el río Magdalena, masacrando a su paso varias tribus indígenas, con el fin de aplastar cualquier intento de rebelión (porque vieron lo que dicen, que siempre es mejor prevenir que curar). En un momento, extraviado y con su tropa dispersa, Alfinger debe abandonar su búsqueda, después de varios esfuerzos infructuosos, cuando se encuentra apenas a unos kilómetros de Cundinamarca. Durante un violento enfrentamiento con los indios, recibe en el cuello un flechazo envenenado y muere al poco tiempo.

Este caso disuadió poco y nada a los otros conquistadores, solo decidieron que más valía no hacerse los vivos con los indios, y que con un poco de cuidado podían seguir tranquilos con sus exploraciones. Solo uno, sin embargo, pudo alcanzar el éxito: el español Gonzalo Jiménez de Quesada, un antiguo abogado fascinado (evitemos los chistes fáciles sobre droga, por favor) por la aventura, que recibió del biógrafo Germán Arciniegas, en un desborde sorprendente de imaginación, el sobrenombre de “El Caballero de Eldorado”. Después de un largo y difícil viaje, durante el cual sus hombres son acosados por los indios y consumidos por las fiebres tropicales, llega en enero de 1537 en Cundinamarca y conquista la capital, Bogotá. Ahí encuentra, efectivamente, oro y y diamantes en cantidad… pero nada que se le parezca a las inagotables reservas que se rumoraba poseía ese reino.

Esta desilusión convence a los conquistadores de que Eldorado… se encuentra en otro lugar. Sí, todos pensamos que iban a creer que no existe, pero la esperanza es lo último que se pierde cuando uno tiene que raspar la olla a fin de mes. Es entonces que se dirigen en vano al este, hacia el Orinoco y las Guyanas (1559-1569). A pesar de los fracasos, el sueño de Eldorado sobrevivía todavía en el siglo XVI. Los maravillosos relatos del explorador inglés sir Walter Raleigh contribuyen a propagarlo en los siglos XVII y XVIII, e incluso Voltaire sitúa ahí una aventura de Cándido.

Dentro de otros casos fallidos se encuentra el de Jorge de Spira, quien llega al pie de los Ándes (1535-1538), pero debe regresar después de haber perdido a la mayoría de sus hombres, víctimas de los indios y del agotamiento. Nicolás Ferdermann, Sebastián de Belalcázar y finalmente Gonzalo Jiménez de Quesada llegan cada uno separadamente al altiplano de Bogotá, solo para conocer los mismos fracasos que sus antecesores. Lo que pasó con Jiménes de Quesada es que se quejó más, por eso se le da mayor importancia que a los otros antes mencionados.

De 1584 a 1597, el incansable Antonio de Berrío busca en vano la laguna de Manoa en los Llanos y la Guyana. Ahí se podría encontrar también el mítico reino, según se creía en la época. A los sesenta años es incluso nombrado gobernador de Eldorado y de la Guyana, pero muere quince años más tarde, sin jamás haber encontrado el reino cuyo gobierno estaba, oficialmente, a su cargo. Yo, como persona que estudia el tema, tengo la teoría de que le estaban tomando el pelo, y el pobre estaba chocheando y se lo creyó. Algo así como: “sí, porque usted es el gobernador de Eldorado,… vaya a buscar su tierra, vaya”.

Bueno, la leyenda muere definitivamente a principios del siglo XIX, a manos del sabio alemán Humboldt. A pedido de los españoles, que todavía creen en Eldorado, explora los valles del Apure y del Orinoco. Sus apuntes topográficos, de gran precisión no dejan ninguna duda, niños: Eldorado son los padres.

En 1954, unos arqueólogos colombianos establecen que un meteorito cayó hace miles de años en las aguas de Guatavita. La ceremonia del “hombre dorado” conmemoraba tal vez ese acontecimiento, rindiendo homenaje a un dios que suponían descendió al fondo del lago. Por lo tanto, tal vez los españoles derramaron sangre, sudor y lágrimas por perseguir una estrella fugaz apagada hace siglos. Momento poético out.

Y voy a aclarar algo que a todos se les debe haber ocurrido. Efectivamente se hicieron entre 1540 (aunque realmente me cuesta imaginar los métodos) y 1912 numerosas tentativas de dragado o de bombeo de las aguas del lago Guatavita para encontrar el oro y las joyas que según se creía habían sido lanzadas y yacerían en el fondo. Se imaginarán que los resultados fueron estériles.

Moraleja de todo esto: los alemanes son unos asquerosos de mierda. O por lo menos lo son los que tuvieron que ver con esta historia. Y bueno, solo me queda aconsejarles que, si van al norte de Sudamérica a vacacionar y por casualidad terminan en Eldorado, usen mucho bloqueador. Y no se olviden de ponerse lentes de sol. Tengo entendido que son MUY CAROS ahí, más alrededor del mediodía… los vendedores tienden a aprovecharse de la debilidad ocular de los pobres turistas, y dicen que el reflejo mata a esa hora.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , | 4 comentarios

El alquimista misterioso.

Para los amantes de la alquimia moderna, hoy les traigo a la mesa un tema bastante extraño. Si les interesa la energía nuclear o la arquitectura del medioevo, puede que también les interese. Sí, es un tema bastante amplio, y supongo que no deben adivinar de qué se trata, así que procedo a relatar…

En 1926 se publicó el libro El Misterio de las Catedrales, un recorrido por el arte gótico en Francia y que proponía realizar una demostración bastante extraña, ya que, según decía, los maestros alquimistas de la Edad Media habrían dejado evidencia de su ciencia en la arquitectura de los principales edificios religiosos del país. ¿Qué tiene que ver todo esto con la energía nuclear, se preguntarán? Ahora vamos a eso: el libro del que les hablo estaba firmado por Fulcanelli, un hombre que parecía conocer los secretos de la energía nuclear ocho años antes del famoso suceso de Hiroshima.

Fulcanelli debe ser el más famoso y misterioso (por qué no, raro) de los alquimistas del siglo XX. Todo comenzó allá por el año 1920, en los reducidos círculos de los esotéricos, en donde se lo consideraba como un “gran maestro” que estaría viviendo y realizando sus trabajos en París. Hete aquí que esos círculos eran frecuentados por un joven de más o menos veinte años, Eugène Canseliet, y su amigo pintor y ocultista Jean-Julien Champagne. Ambos hicieron correr el rumor de que el maestro Fulcanelli era un aristócrata de cierta edad, evidentemente rico, distinguido y muy culto, un genio que estaría a punto de descubrir la piedra filosofal y el elixir que prolongaría la vida. Pero el hombre en cuestión permanecía invisible, figuradamente hablando (lo aclaro porque con estos alquimistas todo es posible), no asistía a ninguna reunión de los esotéricos y Champagne y Canseliet eran los únicos que se reunían con él. Básicamente era como el Santa Claus de los alquimistas.

Las fanfarronadas de estos dos tipos prácticamente no convencían a nadie, cuando en otoño de 1926, apareció la prueba de de la existencia del maestro: un libro. El Misterio de las Catedrales, publicado en una lujosa edición de 300 ejemplares. El prólogo estaba escrito por Canseliet y el libro contenía 36 ilustraciones de Champagne (el pintor, no el vino). El texto aparecía firmado por Fulcanelli. Ahí todos se dieron cuenta de que aquellos no mentían, ya que era una estupidez dar crédito a una persona inexistente por un libro de esa calidad. El autor llevaba a los lectores a una serie de interpretaciones esotéricas de algunas catedrales góticas muy conocidas. Dando pruebas de una erudición sorprendente y de un sobrado conocimiento, tanto de historia del arte como de símbolos esotéricos, descubre en los edificios cristianos supuestos códigos con secretos alquímicos. Por ejemplo, señala que en el pórtico de la entrada de Nuestra Señora de París (AKA, Notre Dame de Paris), por la entrada de la izquierda, una estatua de la Virgen lleva unos medallones que representan los siete planetas asociados a los siete metales utilizados por los alquimistas. Es hora de la clase de alquimia básica: el Sol es oro, Mercurio es… mercurio (en serio), Saturno es plomo, Venus es cobre, la Luna es plata, Marte es hierro y Júpiter estaño. Ahora, al primer bruto que me venga a comentar abajo que el sol y la luna no son planetas lo golpeo con un manual de alquimia for dummies. Según Fulcanelli, las claves de a transmutación (operación alquímica que consiste en transformarlos metales en otros metales, principalmente en oro), se encontraban disimuladas en dicho pórtico de tal modo que solo los verdaderamente instruidos en el tema podrían encontrarlas. No se molesten en comprar el libro junto con un pasaje a París, porque él solo dice que están ahí, no explica cómo encontrarlas y resolverlas para hacerlo uno mismo (miserable egoísta).

Volverán a preguntar… ¿y la energía nuclear? No se impacienten, ya llegaremos.

En 1929 aparece un segundo libro publicado por nuestro héroe, titulado Las Moradas Filosofales, donde hacía lo mismo que con las catedrales pero con casas de familia (que apuntando a ese target eran castillos) medievales. La arquitectura, las formas, las proporciones, los vitrales, las esculturas y básicamente todo era pasado por el tamiz de Fulcanelli. Aunque se podía (o no) seguirlo en sus reflexiones, había que reconocer que la obra era magistral y el autor era un hombre con una cultura poco común. En este libro describió así a la pintura ubicada sobre una chimenea del castillo Dampierre (ustedes vean si lo leen o no porque es un poco denso, lo agrego para mostrar el tipo de cosas que escribía Fulcanelli y no afecta significativamente el transcurso de mi relato así que si les aburre pueden saltarlo… lo aclaro solo porque no quiero perder lectores por su culpa): “En conjunto, esta composición se presenta como un paradigma de la ciencia hermética. El dogo y el dragón ocupan el lugar de los dos principios materiales, reunidos y retenidos por el oro de los sabios, de acuerdo con la proporción requerida y el equilibrio natural, según lo que nos muestra la imagen de la balanza. La mano representa al artesano, firme para manejar la espada (jeroglífico de fuego que penetra, mortifica y cambia las propiedades de las cosas), prudente en la reparación de los materiales de acuerdo con las reglas filosóficas de los pesos y las medidas. En cuanto a los rollos de monedas de oro, estos indican claramente la naturaleza del resultado final y uno de los objetivos de la obra. (…) Tan expresivos como ésta son los pequeños medallones, de los cuales uno representa a la naturaleza, la que debe servir siempre de guía y de mentora del artista, mientras que el otro señala que el sabio autor de estos variados símbolos pertenecía a los rosacruces. La flor de lis heráldica corresponde, en efecto, a la rosa heráldica. Junto a la cruz sirve, como la rosa, de insignia y de blasón al caballero y discípulo que había, por gracia divina, encontrado la piedra filosofal”. Listo. ¿siguen ahí?

Ahora debería hablar sobre el tema de la energía nuclear… pero antes, voy a tirar unos datos de quién era Fulcanelli. ¿Sabían que realmente no era su nombre sino un seudónimo? Ah, no lo sabían. Fue admirado y buscado por todos los esotéricos de París en su época, pero él no aparecía por ninguna parte. Algunos sugerían que Canseliet o Champagne se escondían tras este seudónimo pero, como dije antes, con lo jactanciosos que eran todos los hombres de aquellos círculos, era difícil que no quisieran llevarse el crédito por cosas consideradas tan brillantes como los descubrimientos de Fulcanelli. Además, reforzando la contraria a esta suposición, Canseliet era bastante joven y sus obras no tenían la facultad de análisis o la visión global que mostraba Fulcanelli. Champagne parecía un candidato más factible, ya que tenía más edad y experiencia en el tema, y a su vez su trabajo como artista pudo llevarlo a visitar todas esas catedrales, castillos y monumentos varios… pero su carácter no encajaba con el perfil que todos se habían hecho del autor de El Misterio de las Catedrales, básicamente un sabio. Champagne más bien encajaba con el perfil de un juerguista fanfarrón y alcohólico. Se pensó de varios ocultistas y científicos famosos, como Pierre Dujols, Aurige, Faugerons, el Dr. Alphonse Jobert, Jules Violle, Jollivet-Castelot, Flammarion, René Schwaller de Lubicz, e incluso se llegó a manejar la teoría de que fuese el llamado Conde de Saint Germain (un personaje supuestamente inmortal que aparece públicamente en cada siglo y del que hablaremos algún día)… pero frente a los nombres más factibles aparecía una objeción importante: dichos hombres ya habían escrito otras obras y ningua tenía el poder de las de Fulcanelli. Se pensó, por fin, que podría ser Rosny-Aîné (o Rosny el Viejo), autor de La Guerra del Fuego y de otras novelas de ciencia ficción, ya que era el único cuyo estilo como escritor tenía suficiente fuerza y cuya cultura filosófica y científica eran lo considerablemente vistas como para ser Fulcanelli… pero la vida de Rosny el Viejo era conocida hasta el mínimo detalle, y no aparecía en ella los viajes que le hubiesen permitido conocer tan bien los edificios citados en las dos obras. Así que volvemos al punto de partida. La única conclusión posible al final era que Fulcanelli no era ninguno de estos personajes, sino más bien un hombre que estaba vivo y que trabajaba fuera de los círculos de los esotéricos de su época.

LA ENERGÍA NUCLEAR viene en breve… se los juro.

Un francés llamado Jacques Bergier era también un personaje extraño y una persona de gran inteligencia. ¿Qué tiene que ver con el tema? Nada en verdad… solo quería mencionarlo para que lo conocieran, porque era un tipo muy interesante. Mentira, tiene mucho que ver con esto, ahora van a ver. Científico de alto nivel, él. Apasionado investigador multidisciplinario, dotado de una memoria extraordinaria que le permitió rendir testimonios de una precisión increíble. Les dije que era un grosso, ¿vieron? Bueno, a lo que voy es que en junio de 1937, a petición del científico nuclear André Helbronner, de quien era entonces ayudante, se entrevistó con un hombre que le pareció, por muchas razones… que podría ser Fulcanelli. Esta conversación fue relatada por Louis Pauwels en un libro que tuvo un éxito inmediato, publicado en 1960 y traducido al inglés en 1963, titulado El Amanecer de los Magos. El interlocutor de Bergier, quien rehusó siempre decir con quién conversaba, lo pone en guardia contra los peligros de manipular la energía nuclear. Al tratar todos los temas científicos con una gran fluidez, dio testimonio de un extraño conocimiento acerca de los experimentos más recientes de Helbronner (aunque en realidad es su ayudante quien reporta sus palabras), y declaró, ocho años antes del bombardeo a Hiroshima (a pesar de que el relato esté fechado en 1963), que “los explosivos atómicos pueden fabricarse con solo algunos gramos de metal, y sin embargo, arrasar ciudades enteras”. A esto agregó que “los ordenamientos geométricos de metales extremadamente puros son suficientes para desencadenar fuerzas atómicas, sin que sea necesario utilizar electricidad o la técnica del vacío”. Sin embargo las investigaciones nucleares estaban estancadas en ese momento debido a los intentos en vano de utilizar uno y otro método… si el testimonio de Bergier era sincero, implica que muchos años antes de que el norteamericano Oppenheimer descubriera el principio de la energía atómica, el misterioso Fulcanelli ya estaba en posesión de ese secreto.

¿Vieron? Al final abarqué todo lo que dije en el primer párrafo, y de hecho las cosas cerraban históricamente y no fue simplemente un desvarío de quien suscribe, producto del ácido. Nada de este blog lo es, y es bueno que lo sepan desde ya para el futuro, y habiendo consumido siete artículos previos (los que leyeron los artículos anteriores, los que no, no). ¿Qué? Bueno, está bien, me callo.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , | 2 comentarios

El buque fantasma.

Quiero empezar aclarando que el Holandés Errante, a pesar de lo que la mayoría de la gente cree (gracias a un estúpido dibujo animado transmitido en la actualidad, que realmente detesto y que no quiero nombrar para no comerme un juicio), no se llama “Holandés Volador”. Y no, tampoco es el fantasma verde de un pirata ni nada por el estilo. El Holandés sería en verdad un barco fantasma (y además sería rojo… es decir el color totalmente opuesto en el círculo cromático). Como me enferman los guionistas norteamericanos de dibujos animados post noventas…

En fin. Dejemos de lado mis fijaciones y pasemos a lo nuestro. Es sabido en la historia documentada que muchos barcos que han zarpado (en especial los primeros) han desaparecido. Hasta ahí nada nuevo. El tema es que, al parecer, algunos de estos barcos no fueron a parar al vasto cementerio de las profundidades marítimas, sino que siguen vagando por los mares incansablemente. El Holandés Errante forma parte de esta flota espectral.

El joven duque de York (sí, efectivamente ya empezamos con los chusmeríos), futuro Rey George V de Inglaterra fue uno de los testigos más célebres de este fenómeno paranormal. El hecho es que el señorito, que para aquel entonces tendría 16 años, navegaba como alférez de la Royal Navy a bordo de la Bacchante, que daba la vuelta al mundo.

En la noche del 11 de julio de 1881, mientras la nave se encontraba a la altura de las costas australianas, avistaron una luz relativamente cerca del barco, y de pronto, de la nada, surge un bergantín como a doscientos metros de su posición cortándoles el camino. Pero lo verdaderamente importante en la situación no era que el barco estuviera a realmente poca distancia y que en cualquier momento iban a colisionar (y créanme que entonces y ahora también un choque de barcos no es nada bonito), sino que el barco hace unos minutos NO ESTABA AHÍ. El navío misterioso, para completar la escena, estaba rodeado de un aura rojiza realmente tenebrosa. ¿Dramático, eh? Bueno, al ver esto la tripulación en cubierta, un grupo de valientes y fornidos marineros, enviaron al alférez de turno (un pobre guacho que no era el duque de York y que posiblemente era el que estaba más cerca) al castillo de proa inmediatamente pero cuando llegó, no pudo ver nada. Así como había llegado, el barco se había ido. Y la noche era muy clara y despejada, por lo que se hubieran dado cuenta si el barco se había alejado, más que nada por hecho de que llevaba un color bastante llamativo. El pequeño duque-futuro-rey y doce miembros de la tripulación fueron los incrédulos espectadores de este extraño fenómeno. Todos los demás se lo perdieron por agarrar el turno de la mañana.

Bueno. El hecho era que los testigos estaban convencidos de haber visto al legendario Holandés Errante… aún cuando el tipo de barco no correspondía. Esa misma noche cuentan que el marinero que fue el primero en ver la nave espectral cayó de uno de los mástiles y se mató. Algunas semanas después, murió el almirante de la flota. Para algunos estos hechos estarían relacionados con la extraña visión, a la que no se le ha encontrado ninguna explicación racional hasta el día de hoy. Bueno, en verdad hoy tampoco tenemos la explicación.

A continuación les paso un fragmento textual copiado de la bitácora de la Bacchante sobre este tema: “A las cuatro de la mañana, un bergantín pasó por nuestra proa, como a trescientos metros rumbo a nosotros. Una extraña luz roja alumbraba el mástil el puente y las velas. El hombre de la serviola lo señala desde la proa, también lo hace el teniente de guardia. Un alférez fue enviado a la vigía pero, esta vez, no vio ningún rastro de o signo de un navío real. Trece personas fueron testigos de la aparición. La noche estaba clara y el mar tranquilo. El Tourmaline y el Cleopatre (barcos con nombres glamorosos si los hay, esto lo agrego yo), que navegaban por estribor (osease a la derecha) por delante de nosotros, nos preguntaron por señales, si es que habíamos visto una extraña luz roja”. Muchas gracias, Bacchante, por repetir todo lo que acabo de decir pero con otras palabras. Supongo que al menos sirve como corroboración de que no estaba inventándolo todo. Puedes retirarte si quieres, la producción te va a dar un regalito cuando salgas (el barco se levanta trabajosamente de mi sofá mientras la cámara muestra cómo una promotora le entrega un cupón por 50% de descuento en cera para madera durante un año). Perdonen la demora, pero digamos que ya tiene sus años, le cuesta un poco moverse.

Ahora que tenemos bien claros los hechos, les cuento que la leyenda del buque fantasma conocido como el Holandés Errante tiene su origen en el en el siglo XVII, pero varía según las versiones. Ahora es la hora de los bolazos, personalmente mi parte favorita de los artículos. La inventiva humana nunca deja de sorprenderme. Dicho sea de paso, es muy posible que encuentren en el próximo fragmento una cantidad interesante de semejanzas con la saga de películas Piratas del Caribe, de la cual no me puedo quejar. SÍ, soy conciente de que tiene abismos históricos espantosos y datos chanchamente modificados, pero bueno. Me parece que son películas lindas de ver cuando no se tiene nada mejor para hacer, y además tienen un muy buen coreógrafo para los combates con espada. En fin, vayamos a lo propio:

En una de las versiones el comandante del barco, conocido por los amigos como “El Holandés” (el hombre, no el barco), sería un capitán llamado Barent Fokke avecindado en Ámsterdam hacia el año 1650, siendo célebre entre los marineros por sus arranques de cólera y sus orgías. Casi un pirata de los de las novelas, vamos. Había que ver las cosas que se hacían para ganar fama antes de que existiera la tele. Su barco era el más veloz de todos, y hacía el viaje entre Ámsterdam y Batavia en solo tres meses (hazaña excepcional para la época), y para muchos solo explicable por… ¡SÍ, DAMAS Y CABALLEROS! ¡Es exactamente lo que ustedes estaban pensando! ¡Han vuelto y están en oferta, los clásicos y nunca pasados de moda PACTOS CON EL DIABLO! Porque claro, el Diablo no tiene nada mejor que hacer con su vida (o su eternidad o lo que sea) que hacer que un barco ande más rápido. Básicamente cuando un día el barco desapareció en el mar, a nadie se le ocurrió pensar que una tormenta… no, no. ¡Nooooo! ¡El barco no podía haberse hundido por una eventual y común catástrofe natural! Seguro que EL DIABLO lo hizo vagar eternamente por el océano, como maldición por hacer un pacto similar al de Fausto. Es mucho más lógico. ¿Ven? La cultura pop es la única culpable de que al Diablo se le impute este tipo de cosas. Es más, estoy segura de que al Diablo ni siquiera le gusta el agua.

Bueno. Respiremos hondo y calmémonos. Otra versión un poco más triste diría que el héroe de la leyenda, el capitán Van der Staten, padecería el mismo castigo mencionado, pero por un delito todavía más grave que un simple pacto con el Diablo… haber zarpado un Viernes Santo. Hombre atrevido, si los hay…

Llegamos a la leyenda más difundida. Esta pone en escena al capitán Van der Decken (y bueno, eran todos holandeses, la idea es que sus apellidos deberían empezar así), quien navegaba a bordo de su barco desde Holanda hasta las Indias Orientales, cuando una violenta tempestad estalló a la altura del cabo de Buena Esperanza. Confiado en sus dotes de navegante y a pesar de las desesperadas súplicas de su tripulación, Van der Decken se atrevió a retar con arrogancia al señor Todopoderoso a que trate de hacerlo zozobrar (es decir hundirse). Ellos se salvaron del naufragio, pero en castigo por su blasfemia, sería condenado a navegar eternamente por los mares.

La historia, finalmente, fue transmitida oralmente de generaciones en generaciones durante siglos, hasta que el poeta alemán Heinrich Heine la pusiera por escrito en 1830. En esta versión el marino errante es liberado de su maldición por el amor de una mujer que acepta morir para que él encuenre reposo, y su buque de velas rojas es, finalmente, tragado por las aguas… Wagner se inspira en el texto de esta historia para componer (en 1843) su ópera El Buque Fantasma.

Hablemos de otras apariciones de nuestro amigo el Holandés. En 1887, la tripulación del buque norteamericano Orión que hacía la ruta de San Francisco a la China, divisa un antiguo velero de tres palos alumbrado por una extraña luz blanca. Aunque sopla un viento muy fuerte la nave lleva todas sus velas desplegadas. Este se acerca un instante y desaparece de repente, en el momento en que unas nubes tapan la luz de la luna (no es por nada, pero el barco este sí que tiene estilo). Luego, en 1939, un barco similar es visto desde tierra firme por un centenar de personas que se encontraban en una playa de África del Sur, al sureste del Cabo. La nave, que tiene siempre todas sus velas desplegadas en sus apariciones, cruza velozmente el mar en EL QUE NO SOPLA VIENTO y desaparece misteriosamente en segundos ante las estupefactas miradas de los estupefactos espectadores. Finalmente en 1942, en Mounille Point (también cerca del Cabo), se divisa una vez más la antigua silueta del extraño velero de tres palos mientras se acerca a la bahía. De esa vez en más sus apariciones escasean y no están demasiado testificadas… parece que los barcos modernos en cierta forma hicieron desaparecer el romanticismo del mar.

Bueno, esto fue todo por hoy, amiguitos. Quería ponerles para finalizar una foto verdadera del Holandés Errante, supuestamente tomada en uno de sus poco testificados avistamientos más recientes, pero cuando la busqué en mi carpeta para subirla, ya no estaba… qué raro.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , | 5 comentarios

El abominable señor de las nieves.

En esta oportunidad, luego de un largo periodo en el que digamos que Paranormal A Go Go se tomó “““vacaciones””” (más no la encargada del sitio, pero no viene al caso), les voy a traer a la mesa a una figura legendaria conocida como el Yeti.

La gente tibetana desde hace mucho tiempo cree que existe una especie de seres parecidos a monos a los que llaman Yetis (y los occidentales, como son más fifí, “abominables hombres de las nieves”), los cuales viven en los páramos nevados y salvajes del Himalaya, creencia que está apoyada por algunos (no muchos) testigos y hechos científicos, casi como todo que hay en este blog.

Se propusieron muchas teorías para explicar la existencia de esta criatura. Primero se dijo que podía ser un mono gigante aún desconocido, otras decían que era una especie de eslabón perdido en la evolución entre el hombre y el primate. Algunas plantean que estos seres justamente serían hombres de Neandertal, que los hombres de Cro-Magnon habrían expulsado de Europa hace unos 40 mil años y que no habían sido exterminados por completo. Boris Porchnev, ya fallecido, y Bernardo Heuvelmans (dos autoridades en el tema) se habrían inclinado por esta última hipótesis. A su vez, la profesora Myra Shackley, de la Universidad de Leicester (Inglaterra) ha viajado a regiones deshabitadas de Mongolia y ha descubierto allí lo que parecerían ser herramientas de la época Neandertal, lo que apoyaría esta teoría.

Pero vamos a los hechos. Los testimonios de la existencia de estos señores simiescos se han ido acumulando después de que, en 1951, el alpinista inglés Eric Shipton tirara la primera piedra y fotografiara las huellas dejadas por estas criaturas, que hasta ese momento era casi un cuento de pueblo. Gracias a esto la gente dijo “¡Epa! ¡Capaz que es cierto!” y se empezó a despertar el interés.

Shipton se encontraba acompañado de Michael Ward, cirujano y alpinista (multifacético el hombre) británico, a unos 60 km al oeste del Everest cuando observaron unas huellas de pasos. Se preguntaron quién había pasado para dejar esas huellas de pasos, anchas, de más de 30 centímetros, profundamente hundidas en la nieve (lo que daba a entender el peso del individuo) y se mostraba en ellas claramente un pulgar opuesto en ellas.

El zoologo (léase que ya dieron por sentado que las huellas eran de un bicho y no de un humano con medidas especiales) W. Tschernezsky, miembro del Queen Mary Collage de Londres, quién analizó los moldes obtenidos de estas huellas, concluyó que pertenecían a “un enorme primate bípedo, probablemente el Gigantopithecus fósil”. Otros célebres expertos consiguieron más fotografías: en 1955 el abad Bordet (del Instituto Geológico de Paris) siguió tres series de huellas distintas durante más de un kilómetro. Lo gracioso es que no encontré ningún otro dato sobre esto, lo que significa que el hombre básicamente perdió un tiempo precioso y caminó al pedo. Los dos mayores especialistas franceses en el estudio de los mamíferos estimaron que esas huellas fueron dejadas por una criatura de una especie aún no clasificada (gran novedad). Y en 1978, Lord Hunt tomó también unas fotos de huellas frescas de pasos, probablemente hechas ese miso día, de 35 cm y medio de largo y cerca de la mitad de ancho.

Las huellas no son las únicas pruebas de la existencia del Yeti. Nooo… también hay fotos de las huellas… en serio.

Muchas personas (entre ellas Don Whilans, célebre por sus ascensiones al Everest y al Kangchenjunga) dicen haberlo divisado. Sus relatos sumados permitieron realizar un retrato hablado, que sería más o menos así:

Mentira. En verdad era algo similar a esto:

Yeti sketch

Es de gran estatura, dijeron sus más cercanos conocidos dentro de la especie humana, y está cubierto por un pelaje marrón oscuro en ocasiones cubierto de nieve. Tiene una frente estrecha, ojos hundidos, una mandíbula prominente y dientes poderosos. Camina separando mucho las piernas y los brazos, los cuales son muy largos y le llegan hasta las rodillas. Los testigos además recuerdan que despedía un olor muy fuerte… porque claro, tengamos en cuenta que todos esos tipos olían realmente bien luego de varias semanas caminando con la misma ropa pesada y gruesa en la nieve sin siquiera haberse cambiado o pasado un trapo húmedo, y es extremadamente probable que el desodorante o perfume no fuera un elemento común de encontrar en sus mochilas de viaje. Quisiera que le pegaran una olfateada al calzoncillo propio antes de difamar al Yeti ajeno.

En 1954 una expedición dirigida por el científico inglés Charles Stonor se internó en los Himalaya (en el libro que estoy usando como referencia dice “los Himalaya” en serio… ¿se dice “los Himalaya” o “los Himalayas” o “el Himalaya”?) en busca del famoso Yeti. Solo lograron descubrir y analizar excrementos de un tamaño y aspecto poco comunes (no hagas chistes fáciles, no hagas chistes fáciles, no hagas chistes fáciles…). La conclusión que sacaron del análisis fue que, al haber encontrado restos de vegetales y roedores en estos, pasaron a suponer que el Yeti era omnívoro. Charles Stonor, totalmente decepcionado.

El intento más famoso por encontrar al Yeti fue el que realizaron en 1960 Desmond Doig y Sir Edmund Hillary, el primer conquistador del Everest. La expedición fue financiada por la Enciclopedia Mundial del Libro (World Book Encyclopedia) y duró diez meses (realmente me indigna que los tipos se quejen del olor del Yeti). Llevaron máquinas fotográficas automáticas y recogieron manojos de cabello que los nativos juraban que eran del Yeti, pero que en realidad eran de osos azules, unos animales cuyas apariciones eran escasísimas… pero como ya estaban descubiertos no les importaba nada que tuviera que ver con ellos, aunque eran criaturas casi legendarias de las que se sabía poco más que el nombre.

Al terminar la misión y luego de darse un baño, los hombres concluyeron que “el abominable hombre de las nieves” no existía. Como para dar la lección de que nunca hay que decir nunca, unos años más tarde Desmond Doig se desdijo de sus declaraciones y confesó que el hecho de no haber visto a la criatura no era prueba de que no existía. Por dar un ejemplo, el gorila fue descubierto recién en 1901, hace relativamente poco. Según Doig, “ la expedición era demasiado pesada y demasiado torpe”. Recordó que los sherpas (o guías tibetanos) distinguían tres tipos diferentes de Yeti: el dzuteh, enorme y peludo, que ataca al ganado (y que según Doig podía ser tranquilamente le oso azul); el thelma, similar a un hombrecito y que corría ululando y recogiendo pedazos de madera (aunque podía ser un sherpa con problemas hormonales al que le patinaba un poco la croqueta), y el mih teh, inmenso y con aspecto simiezco, cubierto de un pelaje negro y salvaje.

Cualquiera que sea la verdad, existe un gran número de fotos de huellas tomadas, incluso algunas que fueron mostradas en 1979 luego de una expedición científica de la Real Fuerza Aérea, y muchos testimonios oculares que no han permitido aclarar en nada el misterio. Las huellas parecen haber sido hechas por un bípedo mucho más pesado que un hombre y por ahora no parece poder relacionarse con ninguna especie animal conocida por la ciencia.

Ahora hablemos de la familia, ya que el Yeti como todo fenómeno paranormal, tiene primos en el resto del mundo. El más famoso y acosado por los paparazzi es el querido primo yanqui, Pie Grande, el más fotografiado y con el mayor número de apariciones registradas.

Se dice que tiene una apariencia similar al Yeti, y es originario del noroeste de los Estados Unidos. Sus avistamientos empezaron en 1830, y desde entonces no para de aparecer. El documento más desconcertante es la película grabada por un aficionado, cuyas imágenes salteadas lo muestran paseando por el bosque. Fue filmada en 1967 por Roger Patterson en Bluff Creek, California del Norte. D.W. Grieve, conferencista en biomecánica del Hospital Royal Free (¿sin realeza?) de Londres y tres científicos rusos: Bayanev, Burtsev y Donskov, quienes examinaron cuidadosamente la película, señalaron que no habían detectado ningún trucaje en su realización (aunque creo que hubiese sido más válida la opinión de un cineasta o editor de películas).

Otro primo conocido es el Sasquatch, nombre que le dieron los indios al abominable hombre de Canadá. Su región preferida, es la Columbia Británica, al norte de donde aparece generalmente Pie Grande, ya que son la parte de la familia más unida (cenan juntos en año nuevo y eso). Es también un bípedo enorme, peludo y de apariencia simiesca.

Por último, en todas las familias hay un primo under, en este caso es el Alma. Es la versión rusa del Yeti. De él existen numerosos testimonios y muchos investigadores han tratado de descubrir su misterio. El profesor Porchnev (ya mencionado arriba) y la doctora Marie-Jeanne Koffman han reunido un abultado archivo que debe ser un asco contiene moldes de huellas, muestras de pelos y excrementos. Entre los testimonios, que si se encuentran documentados en el mismo archivo deben ser muy desagradables de leer, se encuentra la figura del teniente coronel V.S. Karapetyan, quien pudo, en 1941, examinar a uno de estos Alma en la región de Buinaksk, en el Cáucaso, donde fue confundido con un espía disfrazado y capturado por sus soldados (POBRECITO). Según dijo, en su opinión más que un animal le parecía un hombre salvaje.

Para concluir, en breve voy a estar realizando un sorteo de dos entradas para acompañarme a la Convención Anual de Abominables Hombres a realizarse en Europa a mediados de año (cuando empiecen los calores por esa zona), en la que se reúnen los abominables hombres de todo el mundo. Pueden ir unos pocos invitados humanos y lamentablemente no se permiten tomar fotografías con o sin flash, y las cámaras de video o celulares encontrados serán destruidas al terminar el evento. Los celulares se dejan en la entrada y se recogen a la salida. Se permite llevar libros de autógrafos (aunque la caligrafía de estos no es muy buena), y no olviden pasar por la tienda de regalos a comprar una taza o camiseta de recuerdo para ustedes y su familia.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , | 6 comentarios

Fragmentos escritos de una mente llena de culpabilidad.

Hola.

Vengo (aprovechando que mis guardias no están viendo) a escribir esto para que sepan que no me olvido de ustedes, que incluso en este húmedo y frío calabozo y atada con cadenas y grilletes de hierro estoy constantemente pensando en que tengo una obligación para con mis lectores.

He sido capturada por una extraña institución interplanetaria (la traducción a nuestro idioma creo que sería “Universidad de la República”… pero todavía no me he familiarizado totalmente con la lengua nativa) apenas civilizada que me ha torturado hasta el cansancio. Pero resistiré hasta mi último aliento (dramático, eh?).

Hace casi un mes que planeo escapar, y según mis cálculos me va a llevar un par de semanas. Pero mi plan es a prueba de tontos, así que en pocos días me volverán a ver (espero que) sana y salva. Y con nueva información que pretendo investigar apenas salga de esto (luego de bañarme y comer, utilizar aparatos sanitarios y esas cosas que no hago desde hace semanas). Pero mientras tienen un par de artículos viejos que pueden releer si quieren, vamos. Seguro que ya se olvidaron de todos los chistes malos y divagues del artículo sobre los Hombres Lobo.

En fin… saludos, habitantes de la tierra! Deseenme suerte. Y mandenle saludos a mi madre. Hola mamá! Estoy bien! (eso es mentira… pero no se lo digan, solo diganle la parte linda).

Publicado en Uncategorized | 4 comentarios